Womad Festival 2018. Cáceres, España

Tras muchos años sin poder asistir a este formidable evento, este año, el colectivo de World is Music ha tenido la oportunidad de volver a un festival que nos abrió imensamente nuestros horizontes musicales. Y no solo eso, pues WOMAD es un canto hacia la igualdad, multiculturalidad, tolerancia y la fraternidad entre pueblos.

Por motivos personales solo pudimos asistir el gran día del festival, sábado 12 de mayo, pero la calidad del cartel hacía que valiese la pena ir desde Lisboa a Cáceres solo para pasar este día. Tras un agradable viaje por las tierras primaverales del Alentejo portugués y Extremadura, llegamos a esta ciudad llena de historia que encandila los ojos del visitante con sus torres de orígen árabe y sus plazuelas rodeadas de edificios romanos. Un mero vistazo sobre la plaza mayor donde se encontraba el escenario principal dejaba al espectador sin aliento.

Los primeros conciertos que despertaron nuestro interés se encontraban en la encantadora plaza de San Jorge a la que con cierta dificultad pudimos acceder.
La tarde  empezó con la banda Sotomayor desde el D.F., México, que por primera vez aterrizaron en tierras españolas y nos brindaron una mezcla de ritmos folk latinoamericano, especialmente la cumbia, con sonidos electrónicos y de rock psicodélico producidos en directo. Disfrutamos de una gran parte de sus músicas, aunque en ciertos puntos echamos en falta sonidos más orgánicos y vivos para complementar su sonido. Aún así, les auguramos un gran futuro pues talento les sobra.

Tras una pausa para reponer fuerzas, ver el atardecer y probar la calidad culinária que ofrecían los comerciantes ambulantes del festival a precios muy económicos, volvimos a la plazuela para ver uno de los platos fuertes de la noche: Canalón de Timbiqui, que desde la costa del Pacífico de Colombia trajeron una herencia musical de altísima calidad y llena de tradición y reivindicación para proteger sus tierras y su cultura.
Dominaba el sonido originario de estas tierras, el currulao, de herencia africana, donde los tambores tejen una alfombra de sonidos que crean un espacio para que la marimba tradicional y las voces de las cantantes lideradas por Nidia Góngora resuenen y completen esta creación ancestral llena de vida. Hubo pocas personas que pudieron resistirse a sentir y vibrar con estas músicas, sonrisas y manera de sentir la música. La cantante que se ha convertido en la voz de varios temas exquisitos producidos por Quantic, tomó un momento para reivindicar la lucha contra la explotación minera en el mundo. Los estragos de las corporaciones multinacionales ya tienen repercusiones en su tierra natal y por ello realizó un llamado internacional para defender la tierra por encima de cualquier interés monetario.

Tras una bonita charla con el grupo, a seguir nos dirigimos a la Plaza Mayor para poder disfrutar de Omar Souleyman y sus sonidos cargados de fuego oriental. Desgraciadamente entramos por la parte trasera de la plaza y quedamos ciertamente sorprendidos al ver a una gran mayoría de la juventud extremeña únicamente preocupada en hacerse selfies en la multidud de grupos de botellón. ¡Con lo bonita que es esta iniciativa!
Pero una vez llegados más adelante del escenario cambió y pudimos disfrutar de las últimas canciones que gozan de un nuevo ritmo bastante electrónico con toques techno y un poco oscuro y que llevan la multitud al extasis puro.

Tras esa experiencia volvimos a dar un paseo para disfrutar de la belleza de los callejones de Cáceres y nos quedamos conversando bajo un arbol milenario en una de las plazuelas más idílicas de esta ciudad.
Aunque estabamos muy a gusto ahí, el último concierto iba a comenzar en poco tiempo: la increíble Orchestra Baobab, grupo multiétnico y multinacional que nació en Senegal en los años 1970. Sus músicas incorporan elementos de la tradición cubana, siempre entrelazados con los instrumentos  y ritmos del Africa occidental. Bajo nuestra perspectiva, en ciertos momentos su música alcanzó un nivel de plenitud total, otorgando al oyente una cadencia que nos llenó el alma y ensanchó el corazón.

Con una sonrisa en la cara y sin querer que acabase, nos fuimos despidiendo de esa plaza y esos mágicos momentos. En nuestro camino de vuelta, recibimos una última sorpresa, un bloco percusivo que no quería que acabase la noche y se encargó de dar un último toque musical pagano en medio de una plaza donde contrastaba la estatua de un monje católico, inmóvil mientras la multitud bailaba al ritmo de las percusiones.

¡Gracias Womad!

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